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martes, 1 de septiembre de 2015

La voluntad de poder aspira a firma la vida

ara entender el significado de vida ascendente y descendente en el pensamiento de Nietzsche, tenemos que entender que es la voluntad de poder.

La voluntad de poder es la energía vital que nos lleva a actuar con el fin de autoafirmarnos. Es el entusiasmo o la pasión que nos empujan a realizar determinadas acciones. Es potencia, brío e ímpetu.
La voluntad de poder es inconsciente, es un impulso ligado al cuerpo, forma parte de las funciones del organismo. Es previa a la razón, según sea nuestro cuerpo así será nuestra razón. Es siempre cambiante y diferente dependiendo de la edad, la dieta o el clima,… Exige resistencia, para afirmarse necesita oposición, por eso siempre está insatisfecha, siempre quiere superarse. La voluntad de poder es ruptura del equilibrio y necesita de la desagradable sensación del dolor para crecer. Carece de finalidad externa, se quiere por sí misma, no se busca ni para conseguir el placer ni la felicidad, estos son una mera consecuencia. Es creativa, libre y diversa, se puede manifestar de múltiples formas.

En estrecha relación con el concepto de voluntad de poder está el concepto de vida. Vida es energía, potencia y fuerza.

La voluntad de poder aspira a afirma la vida, es un instinto de vida, y cualquier ser vivo pretende crecer y superarse. La voluntad de poder tiene como objetivo la elevación de la vida, es decir, afinar los sentidos, potenciar la pasión, buscar el riesgo y el peligro como muestra de autoconfianza.

Según Nietzsche hay dos formas de afrontar la vida: la ascendente que corresponde con una vida fuerte y una voluntad de poder también fuerte y la descendente que corresponde con una vida débil y una voluntad de poder débil.

Las formas de diferenciar estas dos vidas es mediante el afán de superación, la relación con el dolor y el trato con los instintos.

El afán de superación se caracteriza por la capacidad de superar a las fuerzas que se le resisten. En el caso de la vida descendente es aquella que actúa de forma reactiva, a la defensiva. No puede oponer resistencia, no tiene fuerza y está agotada, solo quiere paz. Niega todo deseo y rebaja el sentimiento vital al mínimo. Es una voluntad de poder que se vuelve contra sí misma, más que autoafirmarse se niega. Esta vida quiere debilidad porque es débil. Su finalidad no es creativa, no vive sino sobrevive. Las alternativas son dos: por un lado la negación de la vida, la represión de la sensibilidad y de la pasión, el miedo ante el más mínimo obstáculo y el intento de esquivarlo. Por otro la afirmación de la vida, la potenciación de la pasión, el decir sí a la vida.

En relación con el dolor, este puede ser visto de forma diferente según la vida que se posea, según la fisiología que se tenga. Un veneno para una vida descendiente puede ser un revitalizante de la vida ascendiente. Para la vida descendente, el dolor es insatisfacción, depresión, tristeza, para la vida ascendente un motivo de estímulo. La vida descendente propone aliviar el dolor a costa de negar la vida, no sufrir a cambio de no gozar.

Los instintos son fuerzas de energía muy potentes que pueden con facilidad destruir al ser humano, arrastrándolo a los abismos; pero también pueden servir para dar más potencia, generar energía. La opción elegida por la vida descendente será eliminar la energía peligrosa o moderar su potencia a niveles menos peligrosos. La vida ascendente asume el riesgo, el peligro, aglutina toda fuerza pulsional y la reconduce a un mismo fin que sería el de nuestra autoafirmación, para así aprovechar su energía. Todos los seres humanos excepcionales se han beneficiado de una gran pasión que han sabido reconducir y que se delata en el entusiasmo de sus palabras y en el brillo de sus ojos cuando hablan de ella.


Para Nietzsche los valores defendidos mediante argumentos racionales o morales son un reflejo de los valores fisiológicos de la fuerza vital. La vida y no la razón, la moral o la fe es el criterio para valorar las acciones humanas. Es la energía vital la que permite diferenciar y jerarquizar a los seres humanos.

martes, 18 de agosto de 2015

La moral como síntoma

Nietzsche se cuestiona todos los valores de la cultura occidental vigentes en la época. Para él, la cultura occidental es un fraude, un mundo alternativo, un ultramundo ficticio en el que vivir con seguridad y comodidad. La manera griega de ver el mundo, es interpretada por Nietzsche como un síntoma de decadencia. Es decadente todo aquello que se opone a todos los valores del existir instintivo y biológico del hombre. Se trata de una crítica total a los tres mundos que son inventados por el hombre occidental y que son síntomas de su decadencia: el mundo racional, el mundo religioso y el mundo moral.

Nietzsche critica dos aspectos de la moral tradicional: su dogmatismo y su carácter antivital.

La moral tradicional establece unos valores morales que se suponen objetivos (Platón los sitúa en el mundo de las ideas y el cristianismo en la mente de Dios). Sin embargo Nietzsche sostiene que los valores morales no tienen una existencia objetiva, no son realidades independientes del individuo. Los valores son de las personas y por tanto subjetivos. El dogmatismo moral consiste en olvidar que los valores dependen de noso tros y mantener que tienen una existencia objetiva.

Al considerar que los valores morales son objetivos, la moral tradicional asume que son universales y por lo tanto aplicables a todos los hombres. Sin embargo N. afirma que en realidad los valores se crean y van cambian por lo que son distintos a lo largo del tiempo y en cada cultura.

Nietzsche considera que otro error de la moral tradicional es su “antinaturalidad”, es decir, la negación de lo natural, la negación a la vida. Es una moral de resentimiento en contra de los instintos y el mundo natural. La moral occidental no es más que costumbre, defensa de la sociedad, y supresión de los valores del individuo.

Para Nietzsche existen dos tipos de moral:
Moral de los señores: es la moral de los fuertes. Bueno es todo aquello que eleva al individuo. Crean sus valores sin tener en cuenta lo que hagan o digan los otros. Satisfacen sus deseos y llevan sus pasiones al límite.

Moral de los esclavos: Se correspondería con la moral tradicional, es la de los débiles. La vida es demasiado dura, por eso, sitúan la felicidad en paraísos racionales (Platón) o sobrenaturales (el cristianismo) que pasan por destruir las pasiones. Determinan lo que está bien y lo que está mal.


En la historia de la cultura de occidente se ha producido un constante crecimiento de los valores de los débiles, que han conseguido implantar su criterio carente de energía vital. Según Nietzsche es necesario un cambio para implantar una moral basada en la voluntad creadora de valores, que sólo será posible negando a Dios. No rechaza la moral, sino la moral idealista de los débiles, cristiana y burguesa. No se trata, por tanto de la supresión de la moral, sino de su sustitución por otra fundamentada en la vida, en la voluntad de poder, la cual consiga sanar a la cultura Occidental.

martes, 28 de julio de 2015

La crítica de Nietzsche a la razón

Nietzsche En el crepúsculo de los dioses hace una crítica a la cultura occidental y en especial a la razón en la que esta se fundamenta. Para N la cultura occidental está en decadencia (crepúsculo) al creer en unos valores absolutos (ídolos) que han surgido al utilizar la razón para alcanzar la verdad.
Para N tras la apariencia de una cultura autosatisfecha, que se cree la única conocedora de la verdad, creadora de ciencia, en progreso continuo y fundamentado en leyes racionalmente universales, se encuentran unos hombres que, por su propia seguridad, por interés propio, desprecian y niegan lo sensible y construyen un mundo irreal donde puedan sobrevivir. La cultura occidental es pues un fraude, un mundo alternativo, un ultramundo ficticio en el que vivir con seguridad y comodidad.
Para demostrarlo, Nietzsche recurre al método genealógico. Este método consiste en buscar hacia atrás en que momento el hombre se dejo llevar por la razón y no por el mundo sensible y pasa a explicarlo todo mediante la razón, buscando la racionalidad de todo. En que momento se pasa del mito al logos, es decir el hombre abandona las fabulas y mitos para explicar todos los acontecimientos por medio de la razón y de la demostración experimental. Pretende saber de dónde viene la cultura con la finalidad de hallar el origen del problema. Mediante este proceso Nietzsche descubrió que en el origen está el miedo de unos hombres mediocres al devenir y al cambio de las cosas, el miedo a vivir inseguros. El linaje Occidental proviene del miedo y no de las ganas a descubrir la verdad.
Gran parte de los esfuerzos de Nietzsche se centran en desmontar la estructura intelectual en que se ha apoyado la cultura occidental para sobrevivir. Según Nietzsche Occidente nace enfermo, pero durante mucho tiempo, enmascaró su enfermedad, disfrazó su realidad para dar apariencia de salud e hizo alarde de fortaleza. Nuestra fragilidad mental y el miedo a descubrir la verdad, que no permite convivir con el caos, son los que ponen en funcionamiento a la razón para que genere un mundo irreal que nos permita sobrevivir. La razón es la causante de la enfermedad de Occidente al generar un tumor maligno y extraño a la vida y al cuerpo. Este tumor tiene como objetivo crear un mundo alternativo que consuele a Occidente.
Occidente necesitaba desprestigiar el movimiento, negar la diferencia radical de lo que acontece. Y para ello lo mejor era dejar de lado a los sentidos y construir realidades ultramundanas donde todo funciona como la Razón quiere que funcione.
La cultura occidental cree que ha generado, gracias al correcto uso de la razón, un gran progreso en el camino hacia la verdad. Para conseguirlo fue necesario olvidarse del saber narrativo y sustituirlo por la lógica y la explicación.
Desde el comienzo de Occidente todos los filósofos compartían la defensa de la existencia de unas realidades universales que solo poden ser alcanzadas mediante la razón y el rechazo a la credibilidad de los sentidos.

Nietzsche Tras analizar esta situación, no pretende salvar a Occidente sino empujarlo como ocurriría con alguien que está cayendo. De este modo aceleraría l proceso de decadencia para, una vez derrumbado, volver a construir la cultura con unas nuevas bases sanas. Esta nueva cultura generaría hombres con una voluntad de poder fuerte, espíritus libres. 

martes, 21 de julio de 2015

El cristianismo y la ley de Manú en el pensamiento de Nietzsche

Desde el punto de vista las religiones están dirigidas para aquellos que no pueden dirigirse a sí mismos por lo que necesitan a un ser superior que los dirija y les imponga unas normas, Dios. La religión sitúa sobre la razón y el mundo verdadero un mundo sobrenatural. Este mundo sobrenatural está gobernado por uno o varios Dioses los cuales representan la renuncia a la vida, estos gobernantes mandan sobre los más débiles, sobre aquellos que son incapaces de activar en toda su potencia la voluntad de poder, necesitan ser mandados porque no pueden dirigirse a sí mismos.

El ser creyente es un síntoma de decadencia, debilidad y desintegración de una voluntad de poder.
Nietzsche distingue dos tipos de religiones: paganas y monoteístas. Las primeras, las paganas, mejor valoradas. Son politeístas, cada necesidad (guerra, amor, belleza,…) tiene su propio Dios que no anula a los demás. No infravalora ni niega los impulsos vitales. En cambio las monoteístas, peor consideradas, son el monopolio, la superioridad sobre todo, de un único ser superior. Destierra lo natural y lo sustituye por lo sobrenatural.

La valoración positiva de las religiones paganas no quiere decir que sean buenas, sino que si se tiene que elegir alguna que sean estas.

El ateísmo es el instinto del hombre fuerte. La religión el instinto del débil.

El cristianismo y el Código de Manú son posturas diferentes en este sentido, cada una pertenece a un grupo diferente. El Código de Manú pertenece al primer grupo, a las religiones afirmativas, y el cristianismo a las negativas.

La principal crítica hacia el cristianismo viene por su origen. Según Nietzsche es una religión construida intelectualmente a partir de la filosofía platónica. Está orientada, como todas las monoteístas, hacia los débiles y mediocres. Están condenados al desprecio de la vida, durante la vida terrenal tienen que suprimir todo los placeres para lograr alcanzar el más allá, reprimen los instintos. Si no lo hacen y viven plenamente son castigados con el infierno, es decir, se castiga a todos aquellos que no sigan las normas y disfruten de la vida, intenta que todos los seres sean iguales impidiendo que algunos destaquen sobre otros. Por lo que son seres rencorosos que tienen envidia de aquellos seres superiores que pueden disfrutar de sus instintos.

Controla a los creyentes mediante el pecado ya que cada acto considerado impuro es castigado y si perdura, en vez de ser recompensado con el cielo es castigado con el infierno. De este modo nadie es capaz de hacer lo incorrecto ya que tienen miedo de las represalias.


Bien diferente de la doma cristiana es la tentativa de criara una raza pura por parte de la moral india. La Ley de Manú (un código indio que comprende prescripciones morales, sociales y religiosas) prescribe la cría de cuatro razas distintas: una sacerdotal, otra guerrera, una de comerciantes y agricultores y, por último, una de sirvientes (los sudras). Nietzsche prefiere este tipo de “mejoramiento” del ser humano, puesto que la cría no rebaja todos los tipos de hombres a una misma tipología enfermiza como hace la doma, sino que consiente el desarrollo de diferentes tipologías. Sin embargo, también estos criadores tienen la necesidad de utilizar medios terribles con aquel tipo de hombre que para Nietzsche representa la antítesis de la pureza: el chandala, el hombre-mestizo, “fruto de adulterio, incesto y crimen”. Contra los mestizos se desencadena toda la violencia terrible y espantosa de la Ley de Manú, violencia que Nietzsche parece chazar. Lo que más contradice al sentimiento nietzscheano, no es la idea de una cría que en otros lugares defiende con toda claridad sino el hecho de que también la organización india, mucho más sana que la cristiana, hiciera uso de métodos propios de una doma. En suma, es como si Nietzsche quisiera sugerir que, a la hora de utilizar medios tan terribles y represivos, la cría india acaba por ser una doma.